El año pasado fue ganador absoluto del MedFoto 2021. ¿Qué historia se esconde detrás de la foto del rape juvenil?
Es una fotografía que llevaba persiguiendo desde principios de año. En el Mediterráneo el “black water”, realizar inmersiones en una fosa oceánica, no se practica. En estos espacios, las larvas de ciertas especies de peces suben por la noche a alimentarse de plancton aprovechando la luz de la luna y la carencia de grandes depredadores.
Sin embargo, aquí hay afloramientos de aguas profundas durante los anticiclones que generan corriente de levante. Esto hace que se aproximen especies que viven a cientos de metros de profundidad.
El año pasado hubo afloramientos durante tres meses. Fue espectacular porque iban apareciendo nuevas especies.
Me pasaron la foto de un rape juvenil en Calella, y quisimos probar en sitios con corrientes más fuertes. Nos encontramos tres de rapes juveniles, ¡y en diferentes fases de maduración! Fue increíble porque yo he visto rapes de mi tamaño (180 cm) y allí veía a una cría indefensa nadando entre medusas. El rape más pequeño tenía unos filamentos larguísimos, y se movía entre las medusas para mimetizarse y que no le depredaran. El segundo no tenía filamentos y el tercer rape ya empezaba a madurar, abría las aletas en redonda y me plantaba cara frente a la cámara como si dijera “¡cuidado! ¡Qué soy súper mayor!”. En realidad medía diez centímetros, no intimidaba mucho.
También vimos un ejemplar muy buscado en el pacífico, el Phylliroe, un nudibranquio que nada como un pez y que cuando se asusta emite bioluminiscencia. ¡Y estaba aquí!
¿Qué recomendaría para tomar fotografía subacuática?
Primero, pasárselo bien. No centrarse nunca en lo que pensarán los demás. Hay que estar orgulloso de tus propias fotografías. Disfrutar y vivirlo. ¡Tarde o temprano se verán los resultados del trabajo realizado
Y segundo, no menospreciar las fotografías que tomes. A veces, cosas que pueden parecer normales, en realidad pueden ser observaciones únicas y de gran valor científico.
¿Y de técnica fotográfica? ¿Algún truco?
Bajo el agua, el truco está en la iluminación, excepto si tomas fotografía en blanco y negro. El agua de mar absorbe el color rojo, por tanto, cuanta más iluminación haya, más real será lo que ves y lo que sale fotografiado, sino tenderá a ser azulada.
En muchas ocasiones, acercarte hace que la luz llegue mejor al sujeto. Tirar el flash a 6 metros es quemar partículas para nada, las distancias cortas son mejores.
Hay que tener en cuenta, también, que con el gran angular cercano al ejemplar lo que va a transmitir la foto será mucho más impactante.
Tiene dos libros publicados sobre fotografía subacuática. ¿Qué le lleva a escribirlos?
Mi sueño de pequeño era realizar la guía de fauna marina más completa del Mediterráneo. Me surgió la oportunidad, y probablemente hay gente que sabe mucho más de fotografía submarina que yo, pero puse la condición de introducir una guía de especies en el libro porque tan importante es saber fotografiar cómo saber qué fotografías.
El primer libro fue de peces, que ya hay muchos editados, y el segundo de nudibranquios, que en español hay poquísimos. Además, he conseguido primeras citas en Cataluña de nuevas especies. Es uno de los grupos taxonómicos que más me gusta: tienen mucha variabilidad, mucha estacionalidad y pautas de comportamiento, en muchos casos, nocturnas, que no están estudiadas. He intentado transmitir todo el conocimiento que tengo sobre cada especie de nudibranquios.
Muchas veces, si no sabes lo que ves, no te paras. Ir conociendo lo que fotografías, genera más motivación para encontrar más y encontrar a los que te faltan. Es el espíritu del coleccionista.
¿Hay alguna fotografía que haya significado alcanzar un hito para usted?
Cada fotografía transmite algo distinto. Es muy difícil escoger una. Hay que valorar la riqueza en general, no puedo quedarme con una foto, pero me puedo quedar con un día o una jornada.
Para mí es importante, no lo que transmite artísticamente, sino todo su contenido biológico. Por ejemplo, siempre hago seguimiento de nudibranquios y opistobranquios y en una sola noche logré fotografiar cuarenta y cinco especies diferentes. Esto es un hito: un gran pico de biodiversidad.
Intento reproducirlo año tras año, y esto me permite ver cómo la estacionalidad del mar no es idéntica, sino que puede comenzar un poco antes o un poco más tarde.
Otro ejemplo es el de Tossa cuando, en una sola noche, encontré una Raja montagui, una raya de profundidad que si tienes suerte la puedes encontrar a unos veinte metros y un Eledone cirrhosa, un pulpo blanco que tiene una única hilera de ventosas y que sacan con pesca de arrastre. Además de ver el rape de arena y el rape de roca, calamares y otras especies de rayas.
¿Cómo comienza en el mundo de la fotografía subacuática?
Desde los ocho años que estoy en el agua. Empecé haciendo pesca submarina. En realidad, más que llevarme un pez a casa, lo que me gustaba era encontrar especies. Primero iba con una GoPro, pero es una videocámara, tiene un enfoque automático y los primeros modelos tenían una aberración total bajo el agua.
Se me presentó la oportunidad de comprar una cámara compacta gracias a una beca. Entonces iba con el fusil y la cámara. Pescaba un poco, y cuando tenía la cena, colgaba el fusil y me dedicaba a tomar fotos. Un día, con el fusil colgado, encontré una brótola en una grieta y le fui haciendo fotografías. Mi cámara no tenía ruedecilla para mirar las fotos en horizontal, y en vertical saltaba de cinco en cinco y no veía el resto. Todas las fotografías que podía ver allí eran terribles, pero el pescado era muy bonito y era mi preferido para comer, así que lo pesqué.
Cuando llegué a casa, vi todas las fotos. Ella me miraba, quieta, su expresión de curiosidad capturada en las fotografías me hizo preguntar por qué la había pescado. Me supo muy muy mal llevarla para cenar. Y desde entonces, sólo llevo la cámara.
¿Se acabó la pesca?
No te negaré que me gusta recoger cuatro erizos en invierno con la familia o si me encuentro un pulpo macho y mide más de 2 kilos, puede que sí que me lo lleve. Pero hace más de dos años que no cojo ninguno. Soy muy consciente de lo que extraigo del agua.
¿La fotografía subacuática ha hecho que tuviera más sensibilidad hacia la conservación de la flora y fauna del medio marino?
Ya tenía el concepto de conservación porque soy biólogo. Creo que la actividad extractiva es mala, pero el deterioro no puede culparse a una sola actividad, sino a la suma de todo lo que hacemos.
Practicar la fotografía te abre la vista a valorar lo que ves. Mucha gente sólo tiene en cuenta lo más grande: “¡he bajado cincuenta metros!” , “¿y qué has visto?” , “¡una langosta!”, ¿y ya está?. Yo he trabajado en un centro de buceo y te puedo decir que te has perdido toda una inmersión, llena de vida ¡sólo para poder decir que has bajado a cincuenta metros!
¿Cree que en el ámbito subacuático se respetan protocolos y códigos éticos para tomar fotografías?
Por lo general no. Un caso claro lo tenemos en invierno en Tossa. Se ha puesto de moda la típica fotografía del rape con la boca abierta. Y es mucha casualidad que todo el mundo pueda hacerla.
Con un compañero hicimos un experimento. Nos llevamos un scuba pointer, un palo que se lleva para impactar lo mínimo en el fondo marino e hicimos la prueba a un pequeño rape que no había sido estresado. Le tocamos la placa dental con el palo y, instantáneamente, abrió la boca. ¿De verdad hay que manipular el medio para conseguir una imagen que, sabiendo que puede provocarse, ya no tiene ningún tipo de valor? Al igual que los caballitos de mar adultos, nadando con la cola enroscada y el sol arriba. Ellos no nadan así, lo hacen tironeados, simulando que son algas. Si los ves enroscados es porque huyen.
En muchos certámenes esta manipulación se descarta o penaliza. Debemos intentar respetar el medio lo máximo posible.